Origen de la soja

Origen de la soja

La soja es de origen asiático y pertenece a la familia de las leguminosas, como los guisantes, las alubias, los garbanzos o las lentejas. Destaca por su elevado contenido en proteínas de calidad, comparable al de la carne, por lo que no es casualidad que en chino “soja” signifique “carne de campo”. Con más de 5000 años de historia, muchos emperadores orientales la consideraron una de las cinco semillas sagradas, junto con el arroz, el trigo, la cebada y el mijo. A pesar de su antigüedad, esta legumbre no empezó a ser cultivada hasta el siglo XV a. C.

Pasaron muchos siglos hasta que los monjes budistas introdujeron la soja en Japón, donde a partir del siglo VII d. C. supuso una revolución en la cocina oriental dando lugar a nuevos derivados como el tofu, el tempeh, el miso, la salsa o la bebida de soja. Con las expediciones del siglo XV, empezaron a llegar noticias de esta legumbre a Europa, pero ni el desarrollo del comercio marítimo a lo largo del siglo XVII, ni las posibilidades de un alimento tan completo como la soja para paliar las hambrunas que padecía Europa en aquel entonces consiguieron que la sabiduría oriental calara hondo.

Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), EE. UU. se dio cuenta del potencial del cultivo de la soja para recuperar y sacar más rendimiento de sus tierras agotadas por el cultivo intensivo de maíz. Así, a mediados del siglo XX, la soja empezó a hacerse un sitio en la cocina occidental.

Llegado el siglo XXI, la soja emprende un camino de largo recorrido, tanto por sus propiedades nutritivas como por sus beneficios para la salud.

Algunas leyendas cuentan cómo los que se perdían en lugares inhóspitos sobrevivían gracias a unas habitas silvestres milagrosas, y lo cierto es que leyendas hay muchas, pero alimentos legendarios como la soja, pocos.