Riesgo cardiovascular y soja

Riesgo cardiovascular

Efectos de la soja sobre el riesgo cardiovascular

El riesgo cardiovascular es una forma de medir la probabilidad que tiene un sujeto de padecer una enfermedad de corazón (como infarto o angina de pecho) o un accidente circulatorio cerebral (infarto o hemorragia cerebral).

Existe una medición del riesgo cardiovascular aceptada por las diferentes sociedades médicas europeas y americanas que tiene en cuenta una serie de circunstancias del sujeto para calcular su nivel de riesgo.

Estas circunstancias personales elevan más o menos el nivel de riesgo cardiovascular en el individuo y se denominan factores de riesgo. Estos son: la edad, el peso, el hábito de fumar, la presión arterial, las concentraciones de colesterol en la sangre, las alteraciones clínicas detectadas por el médico que se relacionen con arteriosclerosis, función del riñón y enfermedades del corazón, entre otros.

En 1999, la administración norteamericana que regula los alimentos y los medicamentos (Food and Drug Administration [FDA]), declaró que el consumo de soja en la dieta se asociaba a una reducción del riesgo de padecer una enfermedad coronaria. Se han realizado múltiples estudios científicos que confirman esta alegación.

En 2002, la American Heart Association (AHA) recomendó seguir una dieta cardiosaludable para prevenir el riesgo cardiovascular: una dieta habitual rica en frutas y verduras, alimentos con bajo contenido graso (especialmente grasas saturadas) y legumbres, haciendo especial mención a los alimentos con fitosteroles vegetales, entre los que se incluye la soja.

Características cardiosaludables de la soja

Aporta carbohidratos con bajo índice glucémico

La soja, como las demás legumbres o los cereales completos, aporta hidratos de carbono que, por su estructura, tienen un bajo índice glucémico. El índice glucémico de un alimento es la rapidez con que libera azúcares en la sangre. Por ejemplo, el azúcar tiene el índice glucémico más elevado. Se ha demostrado que los alimentos con un índice glucémico bajo, como las habas de soja, son mucho más cardiosaludables.

Mejora los niveles de grasa en sangre

La proteína de soja interviene sobre el metabolismo del colesterol y reduce sus niveles en sangre.

Se dispone de un gran número de estudios desarrollados con el máximo rigor científico que demuestran que el consumo regular de alimentos con soja reduce las concentraciones de colesterol total, colesterol-LDL y triglicéridos en sangre, y aumenta el colesterol-HDL.

Aunque principalmente la acción sobre las grasas en sangre se debe a la proteína de soja, otros componentes, como las isoflavonas y los fosfolípidos, también contribuyen a mejorar los niveles de colesterol.

Mejora el estado de salud de los vasos sanguíneos

La arteriosclerosis consiste en un depósito de lípidos, células de la sangre y sustancias relacionadas con procesos inflamatorios que se fijan a las paredes de los vasos sanguíneos. Este acúmulo forma la placa de ateroma, que es una lesión que crece ocluyendo la luz de los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de sufrir infartos o accidentes cerebrales.

Los estudios epidemiológicos indican que el consumo de alimentos que contienen soja puede prevenir o reducir el desarrollo de la enfermedad cardiovascular. Las isoflavonas de soja pueden aumentar la respuesta antiinflamatoria en las células mononucleares de la sangre, contribuyendo así, una dieta rica en soja, a la prevención de la aterosclerosis.

Se ha investigado la asociación entre la ingesta de isoflavonas de soja y el riesgo de infartos cerebrales y de miocardio y se ha evidenciado que el alto consumo de isoflavonas se asocia con un menor riesgo de infarto cerebral y de miocardio en mujeres japonesas (la reducción del riesgo fue más pronunciado para las mujeres posmenopáusicas).

Los estudios epidemiológicos indican que el consumo de alimentos que contienen soja puede prevenir o reducir el desarrollo de la enfermedad cardiovascular. Las isoflavonas de soja pueden aumentar la respuesta antiinflamatoria en las células mononucleares de la sangre, contribuyendo así, una dieta rica en soja, a la prevención de la aterosclerosis.

Los componentes de la soja actúan sobre los mecanismos que intervienen en la formación de la placa de ateroma.

  • Si se consume regularmente soja, obtenemos los beneficios de sus fosfolípidos, que reducen la adhesión de células y lípidos a las paredes del vaso sanguíneo.

  • Algunos estudios han constatado que las isoflavonas de la soja bloquean la reacción inflamatoria en el interior del vaso.

  • La oxidación es una reacción que altera la estructura de lípidos y promueve la formación de la placa de ateroma. Concretamente, las isoflavonas parece que actúan bloqueando estos procesos de oxidación en el interior del vaso.

  • Las lipoproteínas son moléculas que transportan lípidos en la sangre. En función del tipo de lípidos que las conforman, tienen mayor tendencia a depositarse en las paredes de los vasos. Los fosfolípidos presentes en la soja aportan lípidos de calidad para construir estas lipoproteínas.

Reduce la presión arterial

Existe evidencia científica que indica que las dietas ricas en alimentos con isoflavonas (entre los que se incluye la soja) pueden lograr una cierta reducción de la presión arterial. Concretamente, la dieta rica en proteína de soja e isoflavonas demostró reducciones significativas de la presión arterial en varones de mediana edad.

Mejora la función del riñón

Un ensayo clínico en pacientes diabéticos con enfermedad renal que seguían una dieta adaptada concluía que la dieta con proteína procedente de la soja lograba mejorar la función del riñón más que otras proteínas también de origen vegetal.

En el caso de personas con diabetes tipo 2 y enfermedad renal se ha observado que la soja mejora varios parámetros beneficiosos, especialmente la reducción de la albuminuria.

Reduce la predisposición a la diabetes

Numerosos estudios, tanto a nivel experimental como con humanos, y especialmente en población diabética, han comprobado que las isoflavonas procedentes de una dieta con soja reducen la insulina en sangre y mejoran el aprovechamiento de su función (reducen la resistencia a la insulina, que es la situación que precede a la diabetes del adulto).