Obesidad, sobrepeso y soja

Sobrepeso y obesidad

¿Qué es la obesidad?

El sobrepeso y la obesidad, en su definición más simple, es el exceso de peso en un individuo de acuerdo al peso ideal que le correspondería por su complexión, edad y talla, y que se mide con el índice de masa corporal. La diferencia entre ambas es una cuestión de cantidad, así se considera obesidad cuando el IMC supera la puntuación de 30, sobrepeso entre 25 y 30, y peso ideal cuando se encuentra entre 20 y 25.

La obesidad no se mide sólo en cantidad, a través del peso corporal, sino también en calidad.

La calidad de la obesidad se revisa por la distribución de la grasa en el cuerpo y por su proporción respecto a los demás componentes.

  • Distribución de la grasa: la grasa acumulada en caderas y muslos (obesidad ginecoide, o popularmente en forma “de pera”) tiene efectos principalmente estéticos. La obesidad abdominal (obesidad centrípeta, o conocida como obesidad en forma “de manzana”) comporta mayor riesgo de padecer enfermedades de corazón o circulatorias.

  • Proporción de grasa: es importante valorar la obesidad midiendo el porcentaje de grasa corporal. Los valores aceptables para el hombre y la mujer son de 18-22% y 25-31%, respectivamente. Hasta 25% en el hombre y 33% en la mujer se consideran sobrepeso y superior a estas cifras obesidad. Una dieta de adelgazamiento adecuada y sana debe tener por objetivo reducir el peso corporal a expensas del tejido graso.

Beneficios de la dieta hipocalórica con soja

Sobrepeso, obesidad y sojaLas dietas sanas para perder peso consisten en una reducción de la cantidad de calorías que se consumen a diario (dietas hipocalóricas), con una proporción adecuada de los diferentes nutrientes esenciales: hidratos de carbono, proteínas y lípidos.

Se ha visto que las dietas hipocalóricas que incluyen soja como fuente de proteínas logran reducciones de peso igual de eficaces que cualquier dieta hipocalórica equilibrada. Sin embargo, los diversos componentes de la soja pueden aportar interesantes beneficios adicionales.

  • Mejoran el metabolismo de los lípidos: las dietas con soja reducen los niveles de colesterol total, colesterol-LDL y triglicéridos.

  • Mejoran la función renal: los alimentos de soja pueden desempeñar un papel especialmente importante en estas dietas, porque la evidencia sugiere que su proteína, comparada con otras de alta calidad, favorece la función renal (1,2).

  • Reducen la masa grasa corporal: las dietas hipocalóricas que cuentan con una parte de proteína procedente de la soja logran reducir no sólo el peso, sino también la proporción de masa grasa corporal. Los estudios que comparan una dieta a base de soja baja en calorías con una dieta tradicional también baja en calorías muestran que disminuyen significativamente el colesterol sérico total, las lipoproteínas de baja densidad y tienen un mayor efecto reductor de porcentaje de masa grasa corporal que las tradicionales bajas en calorías.

  • Reducen la obesidad abdominal: estudios que comparaban dietas hipocalóricas con y sin soja hallaron mayores reducciones del perímetro de la cintura en las dietas con soja.

  • Preservan la masa muscular: las dietas hipocalóricas con una elevada cantidad de proteína de soja pueden mejorar la composición corporal en personas con sobrepeso y obesidad, reducir masa grasa corporal, pero preservar la masa muscular (3).

  • Mejoran el metabolismo del azúcar (glucosa): es muy frecuente que la gente obesa presente cierta intolerancia a la glucosa (fase previa a la diabetes), incluso es más habitual que desarrollen diabetes del adulto. Parece ser que la proteína de la soja y sus isoflavonas actúan sobre el control de la glucosa y mejoran el aprovechamiento de la insulina propia.

  • Mejoran la composición del tejido graso: estudios clínicos han demostrado que la proteína de soja actúa bloqueando algunas reacciones de los lípidos que se producen en las células grasas con el desarrollo de la obesidad y, además, impide que se acumule grasa en las células del hígado, lo que puede llegar a alterar su función.

En los casos de obesidad, un objetivo es la búsqueda de alimentos con mayor poder saciante, y hay estudios que muestran que la proteína de soja disminuye el consumo de energía respecto a la proteína anima.

La sana costumbre de comer soja

La obesidad, como la diabetes del adulto o las enfermedades cardíacas y circulatorias, es mucho menos frecuente en países asiáticos, lo que determina que sus habitantes tengan menor riesgo cardiovascular que los habitantes de países occidentales. Numerosísimos estudios sobre población asiática han investigado este hecho y han demostrado la importancia de una dieta con menor densidad energética (es decir, una dieta en la que no se consumen alimentos con gran cantidad de calorías por peso) y, en particular, han señalado el valor nutricional de la soja.

Los movimientos migratorios lo confirman. Se había visto que la población urbana en Australia tenía igual riesgo cardiovascular que la población del norte de Europa debido a que los hábitos de vida eran similares. Sin embargo, desde la década de los 50, las oleadas de inmigrantes asiáticos introdujeron nuevos alimentos de menor densidad energética de los que se ha beneficiado la población autóctona. Contrariamente, los nuevos ciudadanos de origen oriental han perdido, en parte, sus costumbres dietéticas saludables y han aumentado su obesidad.

La Organización Mundial de la Salud coordinó un estudio desarrollado en 25 países que analizaba los hábitos dietéticos de 60 grupos poblacionales (estudio CARDIAC). Globalmente, la población que consumía soja presentaba menor IMC y valores más bajos de presión arterial y colesterol. A partir de este informe, la OMS recomienda el consumo de soja dentro de una dieta para el control de la obesidad.