La soja en la salud del hombre

La soja en la salud del hombre

La elección de alimentos con una composición adecuada puede tener efectos beneficiosos para la salud, siempre y cuando se combinen dando lugar a una dieta variada y equilibrada. Uno de los alimentos más completos es la soja, cada vez más presente en la dieta occidental por sus reconocidas propiedades.

En los últimos años de investigación, el debate sobre la soja se ha centrado en el rol de las isoflavonas en la salud de la mujer. Esto probablemente haya influido en que la soja actualmente sea un alimento más consumido por las mujeres que por los hombres, tal y como revelan las encuestas. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que los hombres también pueden beneficiarse de la incorporación de la soja en su dieta.

La soja, cultivada hace más de 3.000 años, es un alimento que tiene numerosos beneficios nutricionales, dado su contenido de isoflavonas, aminoácidos esenciales, fibras, ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas y minerales. El uso de la soja reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares: tiene un efecto antioxidante, reduce las cifras de colesterol y modula la función endotelial. Los hombres con un aumento mínimo del antígeno prostático deben tener en cuenta el consumo de soja y los alimentos que la contengan, que además tienen efectos metabólicos beneficiosos en los pacientes con diabetes mellitus y sobrepeso. Teniendo en cuenta el perfil nutricional de la soja, los nutricionistas pueden tenerla en cuenta en las recomendaciones a sus pacientes. Entre los alimentos más populares de la soja podemos mencionar la leche de soja, el queso de soja (tofu) y la carne de soja (pastel, salami, soja texturizada en forma de gránulos) (1).

La soja en la alimentación

Los hábitos alimentarios actuales tienden a la descompensación. Así como en algunos casos la dieta se excede en determinados nutrientes, como por ejemplo las grasas y las proteínas, en algunas situaciones, la alimentación diaria no proporciona las Cantidades Diarias Recomendadas (CDR). Éste es el caso del aporte proteico en hombres mayores.

La evidencia científica sugiere que un consumo de proteínas por encima de las CDR (0,8 g proteína/kg peso corporal) podría ayudar a perder peso, reforzar los beneficios de la actividad física y, posiblemente, reducir la presión arterial. Incluso se estima que una ingesta proteica por encima de las CDR en la edad avanzada podría prevenir la pérdida de músculo esquelético. Por otra parte, el aumento del aporte proteico conlleva la necesidad de incrementar la presencia de alimentos ricos en calcio en la dieta, con el objetivo de prevenir el riesgo de desgaste óseo.

Las organizaciones de la salud, como el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer, recomiendan que la mayor parte del aporte proteico sea de origen vegetal. En este aspecto, la soja y sus derivados juegan con ventaja porque una de las características que los diferencian es su elevado contenido en proteínas. Además, la soja proporciona los 8 aminoácidos esenciales en la edad adulta, aunque el aporte del aminoácido esencial metionina es un poco bajo. Alternando el consumo de soja con el de cereales, huevos o lácteos es fácil paliar esta deficiencia. Además, la soja y sus derivados no aportan colesterol, ni apenas grasas saturadas, a diferencia de los alimentos de origen animal.

La seguridad de las isoflavonas

La soja y sus derivados son la principal fuente de isoflavonas. En la semilla de soja y en los alimentos derivados no fermentados están presentes en forma de genisteína, daidzeína y gliciteína.

Una de las propiedades que caracterizan a las isoflavonas de la soja es que regula determinadas funciones de los estrógenos en la mujer. No obstante, la evidencia científica ha demostrado que no ejerce efectos feminizantes en el hombre, como tampoco desequilibrios hormonales. Un amplio número de ensayos corroboran que la ingesta de proteína de soja o isoflavonas no afecta al nivel total de testosterona ni, en concreto, a los niveles de globulina transportadora de hormonas sexuales, a la testosterona libre y al índice de andrógeno libre.

Aunque las moléculas de isoflavonas son muy similares a los estrógenos, sus efectos sobre el organismo son muy distintos, por lo que su consumo no presenta ningún riesgo para el hombre, sino al contrario.

La soja y la salud cardiovascular

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren más personas por este tipo de problemas que por cualquier otra causa.

Así como en las mujeres la menopausia aumenta el riesgo de este tipo de afecciones, los hombres están expuestos a este riesgo desde edades más tempranas. Se estima que la edad media a la que se produce el primer ataque de corazón es alrededor de los 64 años en los hombres y de los 70 en las mujeres.

La soja y sus derivados protegen frente a las cardiopatías. Por una parte, son bajos en grasas saturadas y no aportan colesterol, así que pueden ayudar a reducir el colesterol sérico cuando reemplazan otras fuentes proteicas. Por otra parte, las proteínas de la soja ejercen un efecto reductor del colesterol-LDL, aunque inferior a la capacidad hipocolesterolemiante de los fármacos. La evidencia sugiere que este efecto podría ser mayor en hombres que en mujeres. La proteína de la soja también podría aumentar moderadamente las concentraciones de colesterol-HDL.

La soja no sólo podría afectar a los niveles lipídicos, podría conseguir que el colesterol-LDL resultara menos aterogénico y, en consecuencia, reducir el riesgo de infarto de corazón. Otro estudio concluyó que el consumo diario de 3 productos elaborados a base de harina de soja reduce la oxidación lipídica, lo que también reduce los riesgos de la arteriosclerosis. Otro de los componentes de la soja que también contribuye a mejorar la salud de las arterias coronarias son las isoflavonas.

La American Heart Association (AHA) reconoce los beneficios de la soja dentro de una dieta cardiosaludable. En este contexto, la Food and Drug Administration (FDA) considera que el consumo de 25 gramos de proteína de soja al día reduce el riesgo de sufrir trastornos cardiovasculares.

La soja y el cáncer de próstata

El cáncer de próstata es el más común en hombres y, también, una de las primeras causas de muerte por cáncer. Se estima que la mitad de la población masculina experimentará síntomas a partir de los 50 años, debido a la hipertrofia benigna de próstata o al cáncer prostático, aunque este último tiene mayor repercusión en edades más avanzadas. El factor geográfico es determinante en la incidencia de este tipo de cáncer, siendo mayor en regiones como América del Norte o la zona norte de Europa, en comparación con la baja incidencia en países como China, Japón y la India, donde la alimentación destaca por su riqueza en fitoestrógenos. La diferencia se debe a la implicación que tiene el tipo de alimentación en la génesis del cáncer de próstata.

El Consejo Internacional de Salud para la Próstata sugiere la soja y sus derivados como un factor que contribuye a prevenir el cáncer en países como Japón, gracias a su aporte en isoflavonas. Recientemente, investigadores del Hospital Universitario de Bonn han concluido que, la genisteína, en concreto, tiene un gran potencial para prevenirlo. Otros estudios indican que la proteína de soja podría inhibir el crecimiento de los tumores existentes.

La evidencia epidemiológica sugiere que los hombres que incluyen alimentos derivados de la soja en su alimentación diaria presentan menos riesgo de desarrollar un cáncer de próstata que los que no lo hacen. Investigaciones preliminares también indican que la proteína de soja y las isoflavonas pueden enlentecer el incremento de los niveles del antígeno específico de la próstata (PSA) en los hombres diagnosticados de cáncer prostático.

Algunos autores apoyan el papel de las isoflavonas como “antiestrogénicas”, es decir, como competencia por los receptores estrogénicos, en los mecanismos involucrados para que el cáncer de próstata latente no progrese hacia etapas más avanzadas.

Los alimentos derivados de la soja juegan un papel a tener en cuenta en la dieta del hombre. Proporcionan proteína de alta calidad, de modo que permiten aumentar el aporte proteico mediante alimentos saludables, porque son bajos en grasas saturadas y no aportan colesterol.

Además, los alimentos derivados de la soja presentan muchos beneficios para la salud cardiovascular, entre ellos, el efecto de la proteína de soja para reducir moderadamente los niveles de colesterol plasmático.

Pero, sin duda, una de las propiedades más interesantes de la soja se atribuye a su contenido en isoflavonas, ya que ayudan a reducir el riesgo de cáncer de próstata.

Por último, no existe evidencia clínica que pueda determinar que la proteína de soja reduce los niveles de testosterona, ni que afecte a la calidad del semen o ejerza un efecto feminizante en los hombres.

Es más, un metaanálisis realizado por Kurzer muestra que las isoflavonas en los hombres no alteraron significativamente los niveles de hormonas en sangre ni la calidad del semen.