La soja en el niño y el adolescente

La soja en la alimentación del niño y el adolescente

La infancia es la etapa en la que se produce el desarrollo más importante de la persona, tanto a nivel físico como cognitivo, puesto que es el momento en que tienen lugar los aprendizajes más importantes de la vida. Este periodo y la adolescencia son fundamentales para construir los cimientos de un estilo de vida saludable y para la adquisición del comportamiento alimentario, de modo que la etapa adulta y la vejez transcurran con la mejor calidad de vida posible.

A pesar de ello, la incidencia de enfermedades relacionadas con los hábitos alimentarios ha aumentado considerablemente en los últimos años entre la población infantil y adolescente. El aumento del sedentarismo y un tipo de alimentación con exceso de calorías, grasas y alimentos de origen animal, en detrimento de las frutas, verduras, cereales y legumbres, han influido negativamente en la salud pública.

Dado el impacto del comportamiento alimentario en edades tempranas, es importante dar a conocer los beneficios que la soja y sus derivados pueden aportar a la salud de los niños y adolescentes.

En Estados Unidos se incluyen las legumbres en general y la soja en particular como una alternativa dietética en la pirámide alimenticia infantil.

La alimentación y la salud

Los primeros 20 años de vida parecen ser determinantes para la salud de la persona en los años futuros. Por ejemplo, la obesidad en la infancia está asociada a un aumento de la mortalidad por enfermedad cardiovascular en la edad adulta, independientemente del peso del adulto. Este apunte es importante en una sociedad en la que el sobrepeso y la obesidad van en aumento de generación en generación y, en consecuencia, otras enfermedades inicialmente relacionadas con la edad adulta (como la hipertensión, la diabetes mellitus no insulinodependiente o, incluso, algunas enfermedades cardiovasculares) cada vez aparecen a edades más tempranas. La soja puede ser de gran ayuda para superar esta problemática, tanto si se opta por seguir una alimentación vegetariana como si se sigue una alimentación omnívora.

La soja es rica en proteínas de buena calidad. El aumento del consumo de alimentos de origen vegetal en detrimento de otros alimentos proteicos de origen animal supone una beneficiosa reducción de las calorías, las grasas saturadas y el colesterol en la dieta.

Igual que con los adultos, la evidencia científica pone de manifiesto que la introducción de la proteína de soja en una dieta variada y equilibrada influye en la reducción de las concentraciones de colesterol sérico de niños y adolescentes. En situaciones en las que se requiere medicación hipocolesterolemiante, como en casos de hipercolesterolemia familiar o poligénica, el consumo diario de proteína de soja ayuda a reducir la dosis de medicación requerida, con lo que disminuyen sus posibles efectos secundarios. Mantener el colesterol dentro de los niveles aconsejables en la infancia y la adolescencia es fundamental para evitar la formación de placas de ateroma, estrechamente ligadas a un mayor riesgo cardiovascular.

Estudios llevados a cabo en países asiáticos han demostrado que las mujeres que durante un largo periodo de la adolescencia consumieron una ración y media de alimentos derivados de la soja desarrollaron cáncer de mama en mucha menor proporción que las que consumieron menos.

Asimismo, la soja también está indicada en aquellos niños con enfermedades metabólicas, como la galactosemia

Hipersensibilidades alimentarias

Hoy en día no hay duda de que la opción ideal para alimentar al lactante es la leche materna, pero no siempre es posible. Cuando no es viable, hay que buscar una alternativa que aporte los mismos nutrientes que la leche materna. La mayoría de madres optan por empezar con una fórmula de inicio, pero alrededor de un 20% de los niños pasan a ser alimentados con fórmula de soja durante algún tiempo. La razón más frecuente para optar por las fórmulas de soja es la hipersensibilidad a la leche. Este tema se desarrolla con detalle en el apartado Intolerancias alimentarias, aunque por su importancia en la alimentación del niño y el adolescente, cabe mencionarlo en éste también.

Hasta los 5 años de edad, es frecuente que los niños sufran alergia a las proteínas lácteas, mientras que otras reacciones de tipo metabólico como la intolerancia a la lactosa se dan tanto en la infancia como en otras edades. El ser humano está programado para digerir la lactosa (el azúcar natural de la leche) durante la lactancia. Una vez ha pasado esta etapa, se deja de fabricar la lactasa, enzima digestiva cuya función es digerir la lactosa. Si seguimos tomando lácteos, el organismo tiene la capacidad de reactivarla, pero en algunos casos no es posible. Esta situación puede ser transitoria o mantenerse toda la vida y requiere una dieta libre o baja en lactosa, según el grado de intolerancia. La alimentación en la infancia y la adolescencia debe cubrir las necesidades nutricionales de un organismo en desarrollo y crecimiento para evitar una posible desnutrición. Las fórmulas de soja aseguran el aporte de nutrientes esenciales en la primera infancia y las bebidas de soja, en el niño y el adolescente.

En un estudio realizado en niños de 1 a 4 años con desnutrición leve y moderada se observó una franca mejoría en el grupo en que se administro soja, en comparación con el control, una disminución del grado de desnutrición y, en algunos casos, el restablecimiento del estado nutricional (3).

En la infancia y la adolescencia también son frecuentes otros tipos de problemas digestivos, como la gastroenteritis, los cólicos o el colon irritable, en los que es necesario adaptar la alimentación. Para estas situaciones puntuales, las fórmulas y las bebidas de soja son totalmente aconsejables por su buena digestibilidad.

La seguridad de la soja en la alimentación infantil y juvenil

Existen distintos factores que nos llevan a alimentarnos de un modo u otro, como la biodisponibilidad, la socioeconomía o la tradición cultural. Los países asiáticos consumen soja desde hace muchos siglos. De hecho, el 90% de los niños asiáticos la consume habitualmente integrada en la dieta. La mayoría empieza antes de los 6 meses de edad con las fórmulas de soja. En EE. UU. se comercializa desde la década de los 60, aunque en los primeros años se dieron algunos casos de bocio entre los niños alimentados con fórmula de soja, debido al enriquecimiento de la harina de soja con iodina. El problema fue subsanado inmediatamente después de su diagnóstico. La comunidad científica concluye que la fórmula de soja es un alimento absolutamente nutritivo e inocuo. Las investigaciones han demostrado que el ritmo de crecimiento y desarrollo de los niños alimentados con fórmula de soja es similar al de los niños alimentados con fórmula de inicio.

La elevada concentración de isoflavonas asociadas a la proteína de soja, también conocidas como fitoestrógenos, ha sido uno de los temas más controvertidos de la soja respecto a su uso en la infancia y la adolescencia. Sin embargo, la evidencia clínica certifica que el consumo de fórmulas de soja no tiene efectos adversos en los niños. Investigaciones recientes han demostrado que los lactantes varones alimentados con fórmulas de soja no han experimentado desarreglos hormonales o anomalías en el desarrollo de sus rasgos sexuales, y que tampoco existen diferencias significativas entre los que en la infancia fueron alimentados con fórmulas de soja y los que fueron alimentados con fórmulas de inicio de leche de vaca. Es más, un estudio preliminar destaca que en las mujeres alimentadas con fórmulas de soja en la niñez el riesgo de sufrir cáncer de mama se reduce entre un 40% y un 60%, en comparación con las que fueron alimentadas con fórmulas de inicio de leche de vaca o mezcla de ambas.

Los niños son propensos a las alergias alimentarias y la soja no está exenta de este riesgo, aunque pasada la etapa infantil, en la mayoría de casos se supera la alergia. A pesar de ello, mientras haya alergia, debe evitarse su consumo. La soja también está contraindicada en aquellos niños afectados de hipotiroidismo congénito bajo tratamiento hormonal sustitutivo, puesto que existe cierta evidencia de que la soja podría interferir en la absorción de esta medicación.

Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Asociación Española de Pediatría concluyen que las fórmulas de soja hipoalergénicas son una alternativa segura y efectiva a la leche materna o a las fórmulas de inicio de leche de vaca. Las fórmulas de soja proporcionan los nutrientes necesarios para el desarrollo y el crecimiento adecuado a la edad, y se presentan como una opción muy saludable para aquellas situaciones en las que por un motivo fisiopatológico o por libre elección se opte por ella.

Hay autores que apoyan la formulación de soja en lactantes a los que sus familias quieren alimentar con dietas vegetarianas.

Como conclusión, las primeras etapas de la vida son especialmente apropiadas para establecer unos buenos hábitos alimentarios. Estos hábitos adquiridos en la infancia y en la adolescencia pueden determinar el riesgo de enfermedad crónica en la edad adulta.

Hoy en día, los alimentos de soja tienen muy buena aceptación entre la población infantil y juvenil gracias a la gran variedad de presentaciones y sabores. Este tipo de alimentos deben considerarse opciones saludables dentro de la dieta en la infancia y la adolescencia.

Bibliografía

1.García-Garro, A.J. Hernández-Flores, M.G., Ramos-Ortega, G. Tratamiento con soja de pacientes desnutridos de 1 a 4 años. Aten Primaria 2007; 39: 69-73.